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The Witcher (Andrzej Sapkowski)

El mito de la neutralidad: por qué Geralt siempre termina eligiendo

Geralt utiliza la neutralidad para resistirse a reyes y fanáticos, pero Sapkowski muestra que no intervenir también distribuye riesgos y protege determinados poderes.

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Geralt de Rivia dice que intenta ser neutral con la frecuencia de quien necesita convencerse. La frase parece adecuada para un profesional itinerante. Los reyes cambian, las fronteras se mueven y un brujo necesita trabajar a ambos lados sin convertirse en soldado de ninguna bandera. Sin embargo, casi todas las historias importantes de The Witcher colocan a Geralt ante una situación en la que apartarse favorece a alguien.

Andrzej Sapkowski no se limita a ridiculizar la neutralidad. Reconoce su valor como resistencia a la propaganda y al reclutamiento moral de los poderosos. Negarse a elegir entre dos discursos manipuladores puede preservar independencia. El problema aparece cuando esa negativa se transforma en fantasía de ausencia: estar presente, poseer capacidad de intervenir y decidir no usarla también produce consecuencias.

Geralt aprende que la política no es una habitación reservada para consejeros. Está en el precio de un contrato, en quién puede cruzar un camino, en el nombre que recibe una especie y en el ejército que deja cadáveres capaces de atraer necrófagos. Puede rechazar una corona; no puede vivir fuera de las relaciones que la corona organiza.

## Neutralidad profesional, no indiferencia

El oficio de brujo necesita límites. Si cada señor pudiera contratar a Geralt para asesinar rivales humanos, su conocimiento y sus mutaciones lo convertirían en mercenario privilegiado. Distinguir monstruos de disputas políticas protege tanto a las posibles víctimas como la identidad profesional del cazador.

Esa frontera permite rechazar encargos sin discutir la legitimidad de cada gobernante. El brujo puede afirmar que una tarea no pertenece a su oficio. La fórmula es práctica en un mundo donde decir «considero injusto su régimen» podría terminar en prisión.

Geralt tampoco confía en ideologías que prometen pureza. Ha visto relatos interesados, teorías pseudocientíficas y multitudes que desean una muerte. Mantener distancia le permite investigar. En este sentido, la neutralidad es una pausa cognitiva: no aceptar de inmediato la clasificación que ofrece quien tiene poder.

Pero una pausa no puede durar para siempre. Cuando la investigación muestra que alguien está en peligro, el profesional debe decidir si sus reglas justifican observar. El código protege la conciencia solo mientras no se convierta en escondite.

## Blaviken y la decisión que llega tarde

El conflicto entre Renfri y Stregobor ofrece la formulación más famosa del mal menor. Ambos presentan versiones parciales y ambos están dispuestos a utilizar violencia. Geralt rechaza inicialmente la obligación de escoger, consciente de que ninguna alianza lo dejaría limpio.

La neutralidad fracasa cuando comprende que el plan puede convertir a habitantes de Blaviken en instrumentos. Interviene, mata y recibe un nombre infame. El episodio no enseña que debiera haber obedecido antes a Stregobor ni que Renfri sea simplemente un monstruo. Enseña que la negativa de Geralt no impidió a los demás preparar el escenario.

Su elección final evita un daño y produce otro. La multitud solo contempla los cadáveres que él ha causado. La reputación de Carnicero de Blaviken demuestra que actuar correctamente según información privada no garantiza legitimidad pública. Quien interviene debe aceptar que no controlará la narración.

También revela un coste de esperar. Si una decisión se toma cuando las opciones ya han sido degradadas, puede ser imposible obtener un resultado bueno. La neutralidad no crea tiempo; a veces permite que quienes sí actúan definan todas las salidas disponibles.

## Geralt no está fuera de la sociedad

Los brujos son marginados, pero esa marginación no equivale a exterioridad. Utilizan caminos, monedas, posadas y leyes. Dependen de clientes humanos y de la tolerancia de autoridades locales. Su aparente independencia se sostiene sobre una red social que puede expulsarlos o matarlos.

Geralt atraviesa clases y territorios gracias a su utilidad. Puede conversar con reyes y dormir junto a viajeros pobres. Esa movilidad le ofrece perspectiva, pero también un privilegio relativo: a menudo puede marcharse de una aldea cuyas habitantes permanecerán bajo el mismo señor.

Decir que todos los bandos son iguales puede describir la corrupción de sus dirigentes y ocultar diferencias de poder para quienes no pueden huir. Un campesino reclutado, una familia no humana perseguida y un hechicero influyente no afrontan el conflicto desde posiciones equivalentes. La neutralidad abstracta aplana esas desigualdades.

Sapkowski obliga a Geralt a conocer personas concretas. Una vez que el perseguido tiene nombre y le ha ofrecido comida, resulta más difícil reducir la guerra a ruido de fondo. La amistad perfora la teoría.

## El racismo vuelve política la existencia

Elfos, enanos y otros no humanos son objeto de prejuicio, segregación y violencia. Algunos se integran en ciudades humanas; otros se unen a comandos scoia’tael; muchos intentan simplemente sobrevivir. Ninguna elección individual elimina la estructura que condiciona todas.

Geralt puede desear no participar en la guerra entre humanos y guerrillas. Sin embargo, la clasificación racial afecta a sus amigos y a él mismo, percibido como mutante. Cuando una multitud elige víctimas por su especie, no intervenir mantiene la libertad del agresor, no una zona neutral entre iguales.

Esto no vuelve justos todos los actos de los Scoia’tael. La violencia contra civiles, el autoritarismo interno o la colaboración estratégica con potencias que utilizan su causa siguen siendo juzgables. Reconocer opresión no exige convertir a cada resistente en inocente.

La complejidad de Sapkowski está en sostener ambas verdades. Un movimiento puede surgir de agravios reales y cometer atrocidades. Un Estado puede denunciar esas atrocidades y utilizarlas para justificar persecución colectiva. La neutralidad que se niega a distinguir niveles termina sirviendo al actor capaz de imponer su versión.

## Nilfgaard y la falsa simetría

La expansión nilfgaardiana transforma disputas regionales en guerra continental. Los Reinos del Norte también practican explotación, racismo e intriga. Esa corrupción no convierte automáticamente toda invasión en intercambio equivalente de élites. Los ejércitos desplazan población, requisitan recursos y reorganizan territorios.

Geralt no se convierte en patriota convencional. Su búsqueda de Ciri atraviesa líneas militares sin asumir que una bandera representa virtud. No obstante, la guerra determina rutas, peligros y alianzas. Su misión privada está compuesta por consecuencias públicas.

Llamar neutral a su viaje porque no pretende ganar una corona confunde finalidad y efecto. Ayudar a una persona perseguida por un imperio es ya obstaculizar el proyecto de ese imperio. La escala íntima no vuelve apolítica la acción; muestra dónde la política toca un cuerpo.

La saga evita que Geralt resuelva el conflicto general. No dirige ejércitos ni diseña un tratado. Su capacidad limitada es parte del argumento: asumir responsabilidad no significa imaginar que un individuo puede reparar toda estructura. Significa identificar qué está a su alcance y dejar de utilizar la impotencia total como excusa para la pasividad local.

## La hanza desmiente al solitario

En Bautismo de fuego, el viaje de Geralt reúne una compañía heterogénea. Jaskier, Milva, Regis, Cahir y Angoulême llegan desde historias, especies y lealtades distintas. Geralt insiste durante un tiempo en que no desea grupo ni acompañamiento, pero depende de ellos material y emocionalmente.

La hanza es una refutación práctica de la neutralidad entendida como autosuficiencia. Compartir camino exige tomar partido por la seguridad del otro, repartir alimento y aceptar retrasos. Nadie puede mantener intacta una identidad abstracta cuando sus decisiones afectan cada noche a quienes duermen cerca.

Regis resulta especialmente significativo. Su naturaleza podría colocarlo en la categoría profesional de monstruo, pero su conducta, inteligencia y disciplina exigen otro juicio. Geralt no abandona conocimiento de los peligros asociados; aprende a relacionarlo con una persona singular.

Cahir carga con una afiliación que debería convertirlo en enemigo. La confianza no llega de inmediato ni borra el pasado. Se construye mediante acciones. La compañía demuestra que elegir individuos no requiere aceptar sin crítica sus banderas.

## Ciri convierte el destino en responsabilidad

Geralt intenta durante años evitar la reclamación de la ley de la sorpresa. Puede presentar esa huida como respeto a la libertad o rechazo de superstición. También nace del miedo a ser necesario y a fracasar.

Cuando acepta a Ciri, su neutralidad cambia de escala. Protegerla lo enfrenta a reinos, magos y proyectos dinásticos. No busca una plataforma política, pero su negativa a entregar a una niña como recurso posee consecuencias políticas inevitables.

El amor selecciona. Cuidar a alguien significa priorizar su vida frente a planes que otros llaman bien común. Esa parcialidad no es siempre justa, pero revela la ficción de que Geralt carecía antes de vínculos. Su amistad con Jaskier, su relación con Yennefer y su solidaridad ocasional ya orientaban decisiones. Ciri vuelve imposible seguir negándolo.

La responsabilidad tampoco le concede certeza. Puede proteger mal, ocultar información o confundir control con cuidado. Elegir no es el final de la ética. Es el comienzo de responder por las consecuencias.

## Hechiceros y la política del conocimiento

Los magos suelen presentarse como asesores, expertos y guardianes de equilibrios que los monarcas no comprenden. Poseen longevidad, redes y capacidades que les permiten pensar más allá de un reinado. También persiguen intereses propios y compiten por influencia.

Geralt desconfía de sus proyectos porque el lenguaje del conocimiento puede convertir personas en variables. Ciri interesa como linaje, poder y pieza profética. Declararse neutral ante esa apropiación significaría permitir que quienes poseen más información definieran su destino.

Yennefer ocupa una posición ambigua dentro de ese mundo. Participa en sus instituciones y protege a Ciri contra ellas. Su lealtad no nace de abandonar toda política, sino de utilizar conocimiento político en favor de una relación.

El golpe de Thanedd muestra que la apariencia de comunidad profesional puede ocultar alianzas irreconciliables. No hace falta detallar aquí cada traición para reconocer la lección: los expertos no existen fuera del poder por el hecho de hablar en nombre de estabilidad.

## La neutralidad como privilegio temporal

Hay momentos en que aplazar una decisión es sabio. La información es insuficiente, los bandos intentan manipular y una intervención impulsiva puede agravar el daño. Confundir urgencia retórica con urgencia real beneficia a quien desea una obediencia rápida.

Pero la capacidad de esperar se distribuye de forma desigual. Quien está siendo atacado no disfruta el mismo tiempo que el observador. Geralt puede abandonar una discusión; la persona encerrada o perseguida no puede suspender sus circunstancias.

La neutralidad se vuelve privilegio cuando utiliza la seguridad propia para exigir paciencia infinita a quien asume el riesgo. También puede ser necesidad para alguien vulnerable que no sobreviviría a una declaración abierta. El juicio debe atender a capacidad y coste, no solo a pureza de postura.

Sapkowski no ofrece una regla universal porque cada relato altera esos elementos. Geralt debe preguntar quién paga su abstención, del mismo modo que pregunta quién paga el contrato.

## Videojuegos: convertir la política en elección jugable

Los juegos de CD Projekt Red colocan al jugador ante facciones y consecuencias. Permiten que una versión de Geralt acepte, rechace o combine alianzas según decisiones interactivas. Esa agencia adapta bien el tema de la neutralidad: el jugador descubre que evitar una misión también puede cerrar posibilidades.

Sin embargo, ninguna ruta elegida por un jugador reescribe las decisiones del Geralt literario. Los juegos continúan creativamente después de los libros y construyen estados de mundo variables. Hablar de «lo que hizo Geralt» exige especificar si se trata de Sapkowski o de una partida concreta.

Las mecánicas también necesitan ofrecer recompensas y resultados visibles. En las novelas, muchas consecuencias escapan al protagonista y no forman un árbol transparente. Esa opacidad es deliberada: la vida moral no muestra una pantalla con porcentajes.

## Netflix y la exteriorización del conflicto

La televisión puede condensar la duda en diálogo, mirada o acción. Al reorganizar cronologías y crear tramas, la serie de Netflix modifica las circunstancias bajo las que sus personajes eligen. Una frase parecida no conserva necesariamente el mismo significado si cambia aquello que la precede.

Comparar versiones permite ver cómo cada medio representa la responsabilidad. El libro permanece cerca de la ironía verbal y puede extender una discusión; la pantalla necesita convertir parte de la política en acontecimientos simultáneos. Ambas comparten nombres y materiales, no una lista idéntica de decisiones.

## Elegir sin volverse fanático

La derrota de la neutralidad no obliga a Geralt a convertirse en cruzado. Puede tomar partido por una persona sin idealizar una facción, intervenir contra una injusticia sin creer que su violencia purifica y conservar dudas después de actuar. Esa posibilidad es el centro maduro de su ética.

El fanático interpreta la incertidumbre como debilidad. El neutral absoluto la utiliza como excusa. Geralt intenta habitar un tercer espacio: saber que puede equivocarse y actuar cuando la inacción ya es una decisión. No siempre lo consigue. Sus fracasos impiden convertirlo en maestro doctrinal.

Sapkowski muestra que la independencia valiosa no consiste en carecer de lealtades. Consiste en impedir que una lealtad suprima el juicio. La hanza, Ciri y Yennefer no eliminan la conciencia del brujo; le dan razones para emplearla más allá de sí mismo.

Geralt no abandona la neutralidad en una ceremonia. La pierde cada vez que un rostro concreto rompe la simetría de los discursos. Entonces descubre que estar al margen era una posición dentro del mapa, sostenida por caminos, clientes y personas que asumían costes invisibles.

La pregunta final no es si todo el mundo debe escoger una bandera. Es más exigente: cuando afirmamos no participar, ¿qué situación ayudamos a conservar? El brujo puede guardar sus emblemas en la alforja. Sus pasos, como los de cualquiera, siguen inclinando el camino.

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